A
continuación se presenta resumen del capítulo número ocho Los cuerpos Dóciles. Describe
un soldado que vivió en el siglo XVII quien gozaba de un carácter digno de envidiar,
lleno de vigor y valentía, al referirse a un soldado no es la sola descripción
de una persona, sino a la formación y educación que recibían en esos años las
personas que solicitaban ser parte de las Fuerzas Armadas.
Se
corregía poco a poco las costumbres, la postura, sus intereses personales. Se
expulsaba al campesino y se le daba aire al nuevo soldado el interés era darle
una nueva vida a la ciencia de la guerra moderna. Se hace mención que durante
varios siglos la religión ayudado a mejorar la disciplina en los seres humanos
por lo que es tomada en cuenta para formar buenos soldados.
El
soldado es por principio de cuentas alguien que se reconoce de lejos, lleva la
marca de su altivez su cuerpo es el blasón de su fuerza y de su ánimo y si bien
es cierto que debe aprender poco a poco el oficial de armas esencialmente
batiéndose, habilidades como la marcha actitudes como posición de la cabeza
dependen en buena parte de una parte retorica corporal del honor Los signos
para reconocer a los más idóneos en este oficio son los ojos vivos y
despiertos, la cabeza erguida, el estómago levantado, los hombros anchos, los
brazos largos, los dedos fuertes, los muslos gruesos, las piernas flacas y los
pies secos; porque el hombre de tales proporciones no podrán dejar de ser ágil
y fuerte” Llegado a piquero, el soldado “ deberá al marchar, tomar la cadencia
del paso para tener la mayor gracia y gravedad posible; porque la pica es una
arma honorable que merece ser llevada con gesto grave y audaz
Segunda
mitad del siglo XVIII El soldado se ha convertido en algo que se fabrica; de
una pasta informe, de un cuerpo inepto se ha hecho la máquina que se
necesitaba; se han corregido poco a poco las posturas lentamente una coacción
calculada recorre cada parte del cuerpo, lo domina pliega el conjunto, lo
vuelve perpetuamente disponible, y se prolonga en silencio, en el automatismo
de los hábitos en suma se ha “expulsado al campesino” y se le ha dado el aire
del soldado, se habitúa los reclutas, a llevar la cabeza derecha y alta a
mantenerse erguido sin encorvar la espalda; y a fin de que contraigan el habito
se les dará esta posición apoyándolos contra una pared de manera que los
talones, pantorrillas, los hombros la cintura toquen el mismo así como el dorso
con las manos, volviendo los brazos hacia afuera sin despegarlos del cuerpo. Se
les enseñara igualmente a no poner jamás los ojos en el suelo, sino a mirar
osadamente a aquellos ante quienes pasan a mantenerse inmóviles aguardando la
voz de mando, sin mover la cabeza, las manos ni los pies firmemente, a marchar
con paso firme, la rodilla y el corvejón tensos, la punta del pie apuntando
hacia abajo y hacia afuera ha vivido, en el curso de la edad clásica, todo un
descubrimiento del cuerpo como objeto blanco de poder. Podrían encontrarse
fácilmente signos de esta gran atención dedicada entonces al cuerpo, al cuerpo que
se manipula, al que se educa, se da forma, que obedece, que responde, que se
vuelve hábil o cuyas fuerzas se multiplican. El gran libro del Hombre Maquina
ha sido escrito simultáneamente sobre dos registros: el anatomo - metafísico del que Descartes había compuesto las
primeras páginas y que los médicos y los filósofos continuaron, y el técnico políticos
que estuvo constituido por todo un conjunto de reglamentos militares,
escolares, hospitalarios, y por procedimientos empíricos y reflexivos para
controlar o corregir las membranas del cuerpo. Dos registros muy distintos ya
que se trataba aquí de sumisión y de utilización allá de funcionamiento y de
explicación: cuerpo útil, cuerpo inteligible. Y sin embargo, del uno al otro,
puntos de cruce.
L
Homme machine de la Mettrie es una vez
una reducción materialista del alma y una teoría general de la educación en el
centro de las cuales domina la noción de “docilidad” un cuerpo que puede ser
sometido, que puede ser utilizado, que puede ser transformado y perfeccionado.
Los famosos autómatas, por su parte, no era únicamente una manera de ilustrar
el organismo; eran también unos muñecos políticos, unos modelos reducidos de
poder: obsesión de Federico II, rey minucioso de maquinitas, de regimientos
bien adiestrados y de prolongados
ejercicios.
En
estos esquemas de docilidad, que tanto interés tenían para el siglo XVIII ¿Qué
hay que sea tan nuevo? No es la primera vez, indudablemente, que el cuerpo
constituye el objeto de intereses tan imperiosos y tan apremiantes; en toda
sociedad, el cuerpo queda prendido en el interior de poderes muy ceñidos, que
le imponen coacciones, interdicciones u obligaciones. Sin embargo hay varias
cosas que son nuevas en técnicas. En primer lugar la escala de control: no
estamos en el caso de tratar el cuerpo, en masa, en líneas generales, como si
fuera una unidad indisociable, sino de trabajarlo en sus partes, de ejercer
sobre él una coerción débil, de asegurar presas a nivel mismo de la mecánica:
movimientos, gestos, actitudes, rapidez: infinitesimal sobre el cuerpo activo,
a continuación el objeto del control: no los elementos o ya no los elementos
significantes de la conducta o lenguaje del cuerpo, sino la economía la
eficacia de los 141 movimientos, su organización interna; la coacción sobre las
fuerzas más que sobre los signos; la única ceremonia que importa realmente es
la del ejercicio. La modalidad en fin: implica una coerción ininterrumpida,
constante que vela sobre procesos de la actividad más que sobre resultados y se
ejerce según una codificación que retícula con la mayor aproximación el tiempo,
el espacio y los movimientos, a estos métodos que permiten el control minucioso
de las operaciones del cuerpo que garantizan la sujeción constante de sus
fuerzas y les imponen una relación de docilidad utilidad, es a lo que puede
llamarse “disciplinas” muchos
procedimientos disciplinarios existían desde largo tiempo atrás en los
conventos, en los ejércitos, también en los talleres. Pero las disciplinas han
llegado a ser en el transcurso de los
siglos XVII y XVIII unas formulas generales de dominación. Distintas de la
esclavitud, puesto que no se fundan sobre una relación de apropiación de los
cuerpos, es incluso elegancia de la disciplina prescindir de esa relación
costosa y violenta obteniendo efecto de utilidad tan grande por lo menos.
Distintas también de la domesticidad, que es una relación de dominación
constante, global, masivo, no analítico, ilimitado, y establecido bajo la forma
de voluntad singular del amo, su “capricho” distintas del vasallaje que es una
relación de extremadamente codificada pero lejana y que atañe menos a las
operaciones del cuerpo que a los productos del trabajo y a las marcas rituales
del vasallaje. Distintas también del ascetismo y de la “disciplina” de tipo monástico,
que tienen por función garantizar renunciaciones más que aumentos de utilidad y
que, si bien implican la obediencia a otro tiene por objeto principal un
aumento del dominio de cada cual sobre su propio cuerpo una anatomía política
que es igualmente una mecánica del poder está naciendo; define como se puede
ser presa del cuerpo de los demás no simplemente para que hagan lo que desean,
sino para que opere como se quiere con las técnicas según la rapidez y la
eficacia que se determina. La disciplina fabrica así cuerpos sometidos y
ejercitados cuerpos “dóciles” la disciplina aumenta la fuerza del cuerpo hace
de este poder una “aptitud” una “capacidad” que trata de aumentar y cambiar por
otra parte la energía, la potencia que ellos podrían resultar y la convierte en
una relación de sujeción estricta. Si la explotación separa las fuerzas y el
producto del trabajo, digamos que la coerción disciplinaria establece en el
cuerpo.
El cuadro, en el siglo XVIII, es a la vez una
técnica de poder y un procedimiento de saber. Se trata de organizar lo
múltiple, de procurarse un instrumento para recorrerlo y dominarlo se trata de
imponerle un orden. Como el jefe de ejército de que hablaba Guibert, el
naturalista, el médico, el economista está cegados por la inmensidad, aturdidos
por la multitud las combinaciones innumerables que resultan de la multiplicidad
de los objetos, tantas atenciones reunidas forman una carga que sobrepasa sus
fuerzas. La ciencia de la guerra moderna al perfeccionarse, al acercarse a los
verdaderos principios, podría volverse más simple y menos difícil los ejércitos
con tácticas simples, análogas, susceptibles de plegarse a todos los
movimientos serían más fáciles de poner en movimiento y de conducir Táctica,
ordenamiento espacial de los hombres, taxonomía, espacio disciplinario de los
seres naturales cuadro económico, movimiento regulado de las riquezas.
Pero el cuadro no desempeña la misma función en
estos diferentes registros. En el orden de la economía, permite la medida de
las cantidades y el análisis de los movimientos. Bajo la forma de la taxonomía,
tiene como función caracteriza reducir las singularidades individuales, y
constituir clases por lo tanto excluir las consideraciones de número. Pero en
la forma de la distribución disciplinaria, la ordenación en cuadro tiene como
función, por el contrario, tratar la multiplicidad por sí misma, distribuirla y
obtener de ella el mayor número de efectos posibles. Mientras que la taxonomía
natural se sitúa sobre el eje que va del carácter a la categoría, la táctica
disciplinaria se sitúa sobre el eje que une lo singular con lo múltiple.
Permite a la vez la caracterización del individuo como individuo, y la
ordenación de una multiplicidad dada. Es la condición primera para el control y
el uso de un conjunto de elementos distintos la base para una microfísica de un
poder que se podría llamar celular.
El control de la actividad El empleo del tiempo es una vieja herencia.
Las comunidades monásticas habían sin duda sugerido su modelo estricto.
Rápidamente se difundió. Sus tres grandes procedimientos establecer ritmos,
obligar a ocupaciones determinadas, regular los ciclos de repetición
coincidieron muy pronto en los colegios, los talleres y los hospitales. A las
nuevas disciplinas no les ha costado trabajo alojarse en el interior de los
esquemas antiguos las casas de educación y los establecimientos de asistencia
prolongaban la vida y la regularidad de los conventos, de los que con
frecuencia eran anejos. El rigor del tiempo industrial ha conservado durante
siglos un ritmo religioso en el XVII el reglamento de las grandes manufacturas
precisaba los ejercicios que debían escandir el trabajo todas las personas al
llegar por la mañana a su lugar, antes de trabajar comenzarán por lavarse las
manos, ofrecerán a Dios su trabajo, harán el signo de la cruz y se pondrán a
trabajar pero todavía en el siglo XIX, cuando se quiere utilizar en la
industria a las poblaciones rurales, ocurre que, para habituarlas al trabajo en
los talleres, se apela a congregaciones se encuadra a los obreros en unas fábricas
convento. La gran disciplina militar se ha formado, en los ejércitos
protestantes de Mauricio de Orange y de Gustavo Adolfo, a través de una rítmica
del tiempo que estaba escandida por los ejercicios de piedad la existencia en
el ejército debe tener decía Boussanelle, algunas de las perfecciones del
claustro mismo Durante siglos, las órdenes religiosas han sido maestras de
disciplina: eran los especialistas del tiempo, grandes técnicos del ritmo y de
las actividades regulares. Pero estos procedimientos de regularización temporal
que las disciplinas heredan, ellas mismas los modifican afinándolos en primer
lugar. Se ponen a contar en cuartos de hora, en minutos, en segundos.
En el ejército, naturalmente Guibert hizo
proceder sistemáticamente a cronometrajes de tiro cuya idea había tenido
Vauban.
En las escuelas elementales, el recorte del tiempo
se hace cada vez más sutil las actividades se hallan ceñidas cada vez más por órdenes
a las que hay que responder inmediatamente al último toque de la hora, un
alumno hará sonar la campana y a la primera campanada todos los escolares se
pondrán de rodillas, con los brazos cruzados y los ojos bajos. Acabada la
oración, el maestro dará un golpe como señal para que los alumnos se levanten,
otro para hacerles que se inclinen ante el cristo, y el tercero para que se
sienten.
A comienzos del siglo XIX, se propondrá para la
escuela de enseñanza mutua unos empleos del tiempo como el siguiente: 8 horas
45 entrada del instructor, 52 llamada
del instructor, 56 entrada de los niños
y oración, 9 horas entrada en los bancos,
04 primera pizarra, 08 fin del
dictado, 12 segunda pizarra, etcétera.
La extensión progresiva del salariado lleva a parejada por su parte una
división ceñida del tiempo si ocurriera que los obreros llegaran pasado un
cuarto de hora después de haber tocado la campana "aquel de los compañeros
a quien se hiciera salir durante el trabajo y perdiera más de cinco minutos"
aquel que no esté en su trabajo a la
hora exacta pero se busca también asegurar la calidad del tiempo empleado
control ininterrumpido, presión de los vigilantes, supresión de todo cuanto
puede turbar y distraer, se trata de constituir un tiempo íntegramente útil está
expresamente prohibido durante el trabajo divertir a los compañeros por gestos
o de cualquier otro modo, entregarse a cualquier juego sea el que fuere, comer,
dormir, contar historias y comedias e incluso durante la interrupción de
la comida, no
se hará ningún discurso de historia, de aventura o de otros temas que distraiga
a los obreros de su trabajo está expresamente prohibido a todo obrero y bajo
ningún pretexto introducir vino en la manufactura y beber en los talleres el
tiempo medido y pagado debe ser también un tiempo sin impureza ni defecto, un
tiempo de buena calidad, a lo largo de todo el cual permanezca el cuerpo
aplicado a su ejercicio. La exactitud y la aplicación son, junto con la
regularidad, las virtudes fundamentales del tiempo disciplinario pero no es
esto lo más nuevo otros procedimientos son más característicos de las
disciplinas.
La
elaboración temporal del acto.