lunes, 8 de junio de 2020

Los cuerpos Dóciles. del libro Vigilar y Castigar

A continuación se presenta resumen del capítulo número ocho Los cuerpos Dóciles. Describe un soldado que vivió en el siglo XVII quien gozaba de un carácter digno de envidiar, lleno de vigor y valentía, al referirse a un soldado no es la sola descripción de una persona, sino a la formación y educación que recibían en esos años las personas que solicitaban ser parte de las Fuerzas Armadas.

Se corregía poco a poco las costumbres, la postura, sus intereses personales. Se expulsaba al campesino y se le daba aire al nuevo soldado el interés era darle una nueva vida a la ciencia de la guerra moderna. Se hace mención que durante varios siglos la religión ayudado a mejorar la disciplina en los seres humanos por lo que es tomada en cuenta para formar buenos soldados.

 

El soldado es por principio de cuentas alguien que se reconoce de lejos, lleva la marca de su altivez su cuerpo es el blasón de su fuerza y de su ánimo y si bien es cierto que debe aprender poco a poco el oficial de armas esencialmente batiéndose, habilidades como la marcha actitudes como posición de la cabeza dependen en buena parte de una parte retorica corporal del honor Los signos para reconocer a los más idóneos en este oficio son los ojos vivos y despiertos, la cabeza erguida, el estómago levantado, los hombros anchos, los brazos largos, los dedos fuertes, los muslos gruesos, las piernas flacas y los pies secos; porque el hombre de tales proporciones no podrán dejar de ser ágil y fuerte” Llegado a piquero, el soldado “ deberá al marchar, tomar la cadencia del paso para tener la mayor gracia y gravedad posible; porque la pica es una arma honorable que merece ser llevada con gesto grave y audaz

Segunda mitad del siglo XVIII El soldado se ha convertido en algo que se fabrica; de una pasta informe, de un cuerpo inepto se ha hecho la máquina que se necesitaba; se han corregido poco a poco las posturas lentamente una coacción calculada recorre cada parte del cuerpo, lo domina pliega el conjunto, lo vuelve perpetuamente disponible, y se prolonga en silencio, en el automatismo de los hábitos en suma se ha “expulsado al campesino” y se le ha dado el aire del soldado, se habitúa los reclutas, a llevar la cabeza derecha y alta a mantenerse erguido sin encorvar la espalda; y a fin de que contraigan el habito se les dará esta posición apoyándolos contra una pared de manera que los talones, pantorrillas, los hombros la cintura toquen el mismo así como el dorso con las manos, volviendo los brazos hacia afuera sin despegarlos del cuerpo. Se les enseñara igualmente a no poner jamás los ojos en el suelo, sino a mirar osadamente a aquellos ante quienes pasan a mantenerse inmóviles aguardando la voz de mando, sin mover la cabeza, las manos ni los pies firmemente, a marchar con paso firme, la rodilla y el corvejón tensos, la punta del pie apuntando hacia abajo y hacia afuera ha vivido, en el curso de la edad clásica, todo un descubrimiento del cuerpo como objeto blanco de poder. Podrían encontrarse fácilmente signos de esta gran atención dedicada entonces al cuerpo, al cuerpo que se manipula, al que se educa, se da forma, que obedece, que responde, que se vuelve hábil o cuyas fuerzas se multiplican. El gran libro del Hombre Maquina ha sido escrito simultáneamente sobre dos registros: el anatomo - metafísico  del que Descartes había compuesto las primeras páginas y que los médicos y los filósofos continuaron, y el técnico políticos que estuvo constituido por todo un conjunto de reglamentos militares, escolares, hospitalarios, y por procedimientos empíricos y reflexivos para controlar o corregir las membranas del cuerpo. Dos registros muy distintos ya que se trataba aquí de sumisión y de utilización allá de funcionamiento y de explicación: cuerpo útil, cuerpo inteligible. Y sin embargo, del uno al otro, puntos de cruce.

L Homme  machine de la Mettrie es una vez una reducción materialista del alma y una teoría general de la educación en el centro de las cuales domina la noción de “docilidad” un cuerpo que puede ser sometido, que puede ser utilizado, que puede ser transformado y perfeccionado. Los famosos autómatas, por su parte, no era únicamente una manera de ilustrar el organismo; eran también unos muñecos políticos, unos modelos reducidos de poder: obsesión de Federico II, rey minucioso de maquinitas, de regimientos bien adiestrados  y de prolongados ejercicios.

En estos esquemas de docilidad, que tanto interés tenían para el siglo XVIII ¿Qué hay que sea tan nuevo? No es la primera vez, indudablemente, que el cuerpo constituye el objeto de intereses tan imperiosos y tan apremiantes; en toda sociedad, el cuerpo queda prendido en el interior de poderes muy ceñidos, que le imponen coacciones, interdicciones u obligaciones. Sin embargo hay varias cosas que son nuevas en técnicas. En primer lugar la escala de control: no estamos en el caso de tratar el cuerpo, en masa, en líneas generales, como si fuera una unidad indisociable, sino de trabajarlo en sus partes, de ejercer sobre él una coerción débil, de asegurar presas a nivel mismo de la mecánica: movimientos, gestos, actitudes, rapidez: infinitesimal sobre el cuerpo activo, a continuación el objeto del control: no los elementos o ya no los elementos significantes de la conducta o lenguaje del cuerpo, sino la economía la eficacia de los 141 movimientos, su organización interna; la coacción sobre las fuerzas más que sobre los signos; la única ceremonia que importa realmente es la del ejercicio. La modalidad en fin: implica una coerción ininterrumpida, constante que vela sobre procesos de la actividad más que sobre resultados y se ejerce según una codificación que retícula con la mayor aproximación el tiempo, el espacio y los movimientos, a estos métodos que permiten el control minucioso de las operaciones del cuerpo que garantizan la sujeción constante de sus fuerzas y les imponen una relación de docilidad utilidad, es a lo que puede llamarse “disciplinas”  muchos procedimientos disciplinarios existían desde largo tiempo atrás en los conventos, en los ejércitos, también en los talleres. Pero las disciplinas han llegado  a ser en el transcurso de los siglos XVII y XVIII unas formulas generales de dominación. Distintas de la esclavitud, puesto que no se fundan sobre una relación de apropiación de los cuerpos, es incluso elegancia de la disciplina prescindir de esa relación costosa y violenta obteniendo efecto de utilidad tan grande por lo menos. Distintas también de la domesticidad, que es una relación de dominación constante, global, masivo, no analítico, ilimitado, y establecido bajo la forma de voluntad singular del amo, su “capricho” distintas del vasallaje que es una relación de extremadamente codificada pero lejana y que atañe menos a las operaciones del cuerpo que a los productos del trabajo y a las marcas rituales del vasallaje. Distintas también del ascetismo y de la “disciplina” de tipo monástico, que tienen por función garantizar renunciaciones más que aumentos de utilidad y que, si bien implican la obediencia a otro tiene por objeto principal un aumento del dominio de cada cual sobre su propio cuerpo una anatomía política que es igualmente una mecánica del poder está naciendo; define como se puede ser presa del cuerpo de los demás no simplemente para que hagan lo que desean, sino para que opere como se quiere con las técnicas según la rapidez y la eficacia que se determina. La disciplina fabrica así cuerpos sometidos y ejercitados cuerpos “dóciles” la disciplina aumenta la fuerza del cuerpo hace de este poder una “aptitud” una “capacidad” que trata de aumentar y cambiar por otra parte la energía, la potencia que ellos podrían resultar y la convierte en una relación de sujeción estricta. Si la explotación separa las fuerzas y el producto del trabajo, digamos que la coerción disciplinaria establece en el cuerpo.

El cuadro, en el siglo XVIII, es a la vez una técnica de poder y un procedimiento de saber. Se trata de organizar lo múltiple, de procurarse un instrumento para recorrerlo y dominarlo se trata de imponerle un orden. Como el jefe de ejército de que hablaba Guibert, el naturalista, el médico, el economista está cegados por la inmensidad, aturdidos por la multitud las combinaciones innumerables que resultan de la multiplicidad de los objetos, tantas atenciones reunidas forman una carga que sobrepasa sus fuerzas. La ciencia de la guerra moderna al perfeccionarse, al acercarse a los verdaderos principios, podría volverse más simple y menos difícil los ejércitos con tácticas simples, análogas, susceptibles de plegarse a todos los movimientos serían más fáciles de poner en movimiento y de conducir Táctica, ordenamiento espacial de los hombres, taxonomía, espacio disciplinario de los seres naturales cuadro económico, movimiento regulado de las riquezas.

Pero el cuadro no desempeña la misma función en estos diferentes registros. En el orden de la economía, permite la medida de las cantidades y el análisis de los movimientos. Bajo la forma de la taxonomía, tiene como función caracteriza reducir las singularidades individuales, y constituir clases por lo tanto excluir las consideraciones de número. Pero en la forma de la distribución disciplinaria, la ordenación en cuadro tiene como función, por el contrario, tratar la multiplicidad por sí misma, distribuirla y obtener de ella el mayor número de efectos posibles. Mientras que la taxonomía natural se sitúa sobre el eje que va del carácter a la categoría, la táctica disciplinaria se sitúa sobre el eje que une lo singular con lo múltiple. Permite a la vez la caracterización del individuo como individuo, y la ordenación de una multiplicidad dada. Es la condición primera para el control y el uso de un conjunto de elementos distintos la base para una microfísica de un poder que se podría llamar celular.

El control de la actividad  El empleo del tiempo es una vieja herencia. Las comunidades monásticas habían sin duda sugerido su modelo estricto. Rápidamente se difundió. Sus tres grandes procedimientos establecer ritmos, obligar a ocupaciones determinadas, regular los ciclos de repetición coincidieron muy pronto en los colegios, los talleres y los hospitales. A las nuevas disciplinas no les ha costado trabajo alojarse en el interior de los esquemas antiguos las casas de educación y los establecimientos de asistencia prolongaban la vida y la regularidad de los conventos, de los que con frecuencia eran anejos. El rigor del tiempo industrial ha conservado durante siglos un ritmo religioso en el XVII el reglamento de las grandes manufacturas precisaba los ejercicios que debían escandir el trabajo todas las personas al llegar por la mañana a su lugar, antes de trabajar comenzarán por lavarse las manos, ofrecerán a Dios su trabajo, harán el signo de la cruz y se pondrán a trabajar pero todavía en el siglo XIX, cuando se quiere utilizar en la industria a las poblaciones rurales, ocurre que, para habituarlas al trabajo en los talleres, se apela a congregaciones se encuadra a los obreros en unas fábricas convento. La gran disciplina militar se ha formado, en los ejércitos protestantes de Mauricio de Orange y de Gustavo Adolfo, a través de una rítmica del tiempo que estaba escandida por los ejercicios de piedad la existencia en el ejército debe tener decía Boussanelle, algunas de las perfecciones del claustro mismo Durante siglos, las órdenes religiosas han sido maestras de disciplina: eran los especialistas del tiempo, grandes técnicos del ritmo y de las actividades regulares. Pero estos procedimientos de regularización temporal que las disciplinas heredan, ellas mismas los modifican afinándolos en primer lugar. Se ponen a contar en cuartos de hora, en minutos, en segundos.

En el ejército, naturalmente Guibert hizo proceder sistemáticamente a cronometrajes de tiro cuya idea había tenido Vauban.

En las escuelas elementales, el recorte del tiempo se hace cada vez más sutil las actividades se hallan ceñidas cada vez más por órdenes a las que hay que responder inmediatamente al último toque de la hora, un alumno hará sonar la campana y a la primera campanada todos los escolares se pondrán de rodillas, con los brazos cruzados y los ojos bajos. Acabada la oración, el maestro dará un golpe como señal para que los alumnos se levanten, otro para hacerles que se inclinen ante el cristo, y el tercero para que se sienten.

A comienzos del siglo XIX, se propondrá para la escuela de enseñanza mutua unos empleos del tiempo como el siguiente: 8 horas 45 entrada del instructor,  52 llamada del instructor,  56 entrada de los niños y oración, 9 horas entrada en los bancos,  04 primera pizarra,  08 fin del dictado,  12 segunda pizarra, etcétera. La extensión progresiva del salariado lleva a parejada por su parte una división ceñida del tiempo si ocurriera que los obreros llegaran pasado un cuarto de hora después de haber tocado la campana "aquel de los compañeros a quien se hiciera salir durante el trabajo y perdiera más de cinco minutos"  aquel que no esté en su trabajo a la hora exacta pero se busca también asegurar la calidad del tiempo empleado control ininterrumpido, presión de los vigilantes, supresión de todo cuanto puede turbar y distraer, se trata de constituir un tiempo íntegramente útil está expresamente prohibido durante el trabajo divertir a los compañeros por gestos o de cualquier otro modo, entregarse a cualquier juego sea el que fuere, comer, dormir, contar historias y comedias e incluso durante la interrupción de la comida, no se hará ningún discurso de historia, de aventura o de otros temas que distraiga a los obreros de su trabajo está expresamente prohibido a todo obrero y bajo ningún pretexto introducir vino en la manufactura y beber en los talleres el tiempo medido y pagado debe ser también un tiempo sin impureza ni defecto, un tiempo de buena calidad, a lo largo de todo el cual permanezca el cuerpo aplicado a su ejercicio. La exactitud y la aplicación son, junto con la regularidad, las virtudes fundamentales del tiempo disciplinario pero no es esto lo más nuevo otros procedimientos son más característicos de las disciplinas.

 

La elaboración temporal del acto.

Consideremos dos maneras de controlar la marcha de un cuerpo de tropa comienzos del siglo XVII acostumbrar a los soldados, que marchan en fila o en batallón, a marchar a la cadencia del tambor, y para hacerlo, hay que comenzar por el pie derecho a fin de que toda la tropa se encuentre levantando un mismo pie al mismo tiempo Mediados del siglo XVIII, cuatro especies de paso la longitud del paso corto será de un pie, la del paso ordinario, del paso redoblado y del paso de maniobra de dos pies, todo ello medido de un talón al otro en cuanto a la duración, la del paso corto y el paso ordinario será de un segundo, durante el cual se harán dos pasos redoblados la duración del paso de maniobra será de un poco más de un segundo. El paso oblicuo se hará en el mismo espacio de un segundo será todo lo más de 18 pulgadas de un talón al otro se ejecutará el paso ordinario de frente llevando la cabeza alta y el cuerpo derecho, manteniéndose en equilibrio sucesivamente sobre una sola pierna, y echando la otra hacia delante, con la corva tensa, la punta del pie un tanto vuelta hacia fuera y baja para rozar sin exageración la superficie sobre la cual se deberá marchar y dejar el pie en el suelo de manera que cada parte se apoye en éste al mismo tiempo sin golpearlo entre estas dos prescripciones, se ha puesto en juego un nuevo conjunto de coacciones, otro grado de precisión en la descomposición de los gestos y de los movimientos, otra manera de ajustar el cuerpo a unos imperativos temporales.

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